FRASES DE LANCE ARMSTRONG











Hacia el final del campamento decidimos subir a Beech Mountain. Chris [Carmichael] sabía exactamente lo que estaba haciendo cuando me lo sugirió, porque hubo una época en que yo dominaba aquella montaña. Era una subida agotadora de más de 1.500 metros hasta la cima nevada que había supuesto la etapa decisiva en mis dos victorias en el Tour Du Pont. Recordaba cómo subía, esforzándome ladera arriba, con la gente alineada junto a la carretera, y cómo pintaban mi nombre en el asfalto: "¡Ánimo Armstrong!" (...) Corrimos y corrimos bajo la lluvia constante durante cuatro horas, y luego otra más. Cuando llegamos al pie de la montaña ya llevaba seis horas sentado en la bici pero, levantándome sobre los pedales, empecé a atacar la subida con fuerza. En ese momento, mientras empezaba a subir, vi algo emocionante: el asfalto aún tenía mi nombre pintado (...) La pendiente se hizo cada vez más abrupta. Golpeé con fuerza los pedales y sentí satisfecho que empezaba a sudar (...) Aquel ascenso activó algo en mi interior. Mientras pedaleaba, reflexioné a fondo sobre mi vida: mi infancia, mis primeras carreras, mi enfermedad y cómo ésta me cambió. Quizá fuera aquel primitivo acto de escalar el que me hizo enfrentarme a las cuestiones que llevaba semanas eludiendo. Me di cuenta de que ya era hora de dejar de aminorar. "Muévete", me dije. "Si puedes moverte es que no estás enfermo". Volví a contemplar el suelo que se deslizaba bajo mis pies, el agua que salía despedida de las ruedas y los radios que giraban. Vi más letras pintadas, deslucidas ya, y mi nombre medio borrado: "Adelante, Armstrong". Mientras seguía pendiente arriba, vi mi vida como un todo: vi su estructura y el privilegio que suponía vivirla, y también su propósito. Y se trataba meramente de esto: yo estaba destinado a una escalada larga y dura"

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